-No se pudo haber muerto-susurro, con los labios temblando.
Con la fragilidad de una voz al borde de quebrarse para siempre.
Y otra voz dentro de mi cabeza, que se sigue riendo, agrega:
...Si el café en el diario todavía está húmedo.
...Si la discusión estaba en pausa.
...Si a la noche íbamos a ir a cenar.

