Amanece apenas un día de invierno cuando un reactor secuestrado estalla a gran altura sobre el Canal de la Mancha. Entre la nube de restos humanos, carritos de bebidas, souvenirs, mantas y máscaras de oxígeno, dos figuras caen hacia el mar sin el alivio del paracaídas; Gibreel Farishta, legendario galán cinematográfico de la India, y Saladin Chamcha, el hombre de las mil voces, autodidacta y anglófilo furibundo. Abrazados, entonando cantos rivales, descienden vertiginosamente y, por fin, son arrojados, vivos, a las nevadas arenas de una playa inglesa. Milagro; pero milagro ambiguo, ya que pronto se observa en ellos extraños cambios. Gibreel parece haber adquirido una aureola, mientras que Saladin ve con horror cómo aumenta el vello de sus piernas, se le convierten en cascos los pies y se le abultan las sienes. Así empiezan Los versos satánicos, la primera novela de Salman Rushdie en cinco años.
Gibreel y Saladin han sido elegidos (¿por quién?) protagonistas del eterno combate entre el bien y el mal. Pero, ¿cuál es cuál? ¿Pueden los demonios ser angélicos? ¿Pueden los ángeles ser demonios disfrazados? Mientras los dos trazan las piruetas de su historia, tanto en el tiempo como en el espacio, hacia su enfrentamiento final, somos testigos de una sucesión de hechos extraños, relatos de amor y de pasión, de traición y de fe: la historia de Ayesha, la vidente cubierta de mariposas que conduce a los habitantes de una aldea india a una peregrinación imposible; la de Allie, la montañera poseída de un espíritu que la impulsa a realizar la hazaña suprema, la ascensión del Everest en solitario; asesinatos, metamorfosis y dis-turbios en un Londres «visible pero no visto; y, sobre todo, la historia. de Mahound, el Profeta de Jahilia, la ciudad de arena; Mahound, depositario de una revelación en la que los versos satánicos se mezclan con los divinos.
Con este gran libro-rueda, en el que pasado y futuro se persiguen vertiginosamente, Salman Rushdie nos lleva en un viaje épico, entre lágrimas y risas, historias maravillosas y asombrosos alardes de imaginación, un viaje hacia el mal y el bien que se encuentran, inseparablemente entrelazados, en el corazón de las mujeres y de los hombres.
